Advertisements

Misoginia interiorizada: 10 ejemplos para identificarla

¡Enhorabuena, animosa! Ya estás un paso más cerca de reconocer tu misoginia y ponerle freno. Pero te preguntarás… ¿Qué es la misoginia interiorizada? La misoginia interiorizada es esa internalización involuntaria que hacemos las mujeres de todos los mensajes machistas que mamamos en esta sociedad y que nos llevan a juzgarnos a nosotras mismas y a nuestras compañeras. Lo sabemos, ¡mal rollo! Porque lo peor es que no somos conscientes de ello. Si alguna vez has dicho el famoso «me llevo mejor con los chicos que con las chicas» o dirigido un «cambiarás de opinión» a una mujer que te dice que no quiere tener hijos, te invitamos a que sigas leyendo y abras tu mente a un mundo nuevo: uno en el que nos deconstruimos juntas y nos apoyamos entre todas.

Misoginia interiorizada

¿Cómo reconozco mi misoginia interiorizada?

Pues como todo, con esfuerzo. Identificar el odio interiorizado hacia las mujeres no es un camino fácil, pero aquí te dejamos nuestra aportación para que puedas dar el primer paso. Sé sincera contigo misma y responde a las siguientes preguntas:

1. ¿Alguna vez has juzgado a una mujer por invertir demasiado en su apariencia?

Resulta que llevar maquillaje o frecuentar a menudo la peluquería no afecta a tu capacidad neuronal. Tampoco a tu valor como persona. Además, aprender a querernos bien y a dedicarnos tiempo a nosotras mismas es fundamental. ¡Basta ya de juzgarnos, chicas! Lo que nos empodera es el poder decidir hacerlo o no.

2. ¿Has juzgado a otra mujer por «no cuidar» su apariencia?

¡He aquí el caso contrario! Como si fuesen dos bandos… Nadie debe meterse con cuánto te «arreglas» (¡Qué expresión tan terrible! ¡Como si estuviésemos rotas!) o dejas de hacerlo. Es una decisión personal que en nada afecta a tus capacidades. Hakuna Matata, vive y deja vivir.

3. ¿Te han dicho «no eres como las otras chicas» y estabas orgullosa de ello?

Sí, en esta hemos caído todas… ¡Qué bonito sonaba y qué desfachatez! ¿Acaso hay algo malo en las otras chicas? ¿Algún componente negativo con el que naces solo al ser mujer? No, animosa, tú eres increíble, pero las «otras chicas» son igual de maravillosas. Debemos parar este tipo de expresiones pensadas para hacernos seguir compitiendo entre nosotras.

4. ¿Has sentido rechazo al ver vello en el cuerpo de otras mujeres?

Eres consciente de que tú también lo tienes, aunque te empeñes en ocultarlo. Consciente de que es algo normal y, aún así, no puedes evitarlo. Se trata, nada menos, que de un reflejo de la presión a la que durante décadas (¡qué décadas, siglos!) se ha sometido el cuerpo de las mujeres. Decidas depilarte, o no, intenta luchar contra estas reacciones infundadas.

5. ¿Has dicho «cambiarás de opinión» a mujeres que dicen que no quieren tener hijos?

Aunque te cueste creerlo las diferentes mujeres tienen opiniones diferentes. Y sí, existen mujeres que no quieren tener hijos. ¿Acaso tienes la verdad absoluta o solo estás siendo condescendiente? Este tipo de expresiones, aparentemente inofensivas, hacen mucho daño y someten a las personas que han tomado esa decisión a una presión constante.

6. ¿Has juzgado a una mujer por someterse a una operación estética?

¡Y más de lo mismo! «Mi cuerpo, mi decisión». Podemos aplicarlo a infinitas situaciones. Operarte no te hace más tonta, ni menos feminista. Tomar tus propias decisiones sin pensar en la opinión ajena sí que te empodera.

7. ¿Has pensado que algo va mal en ti por no querer o no gustarte los niños?

No hay nada mal contigo. Lo que tenemos que detener es esa presunción de que dentro de toda mujer hay un instinto maternal escondido. Solo tú sabes lo que te gusta y te hace feliz. No te dejes presionar y asúmelo, no es algo que esté bien ni mal.

Misoginia Interiorizada

8. Has juzgado a una mujer por mantener su trabajo a tiempo completo después de tener un hijo.

Venga ya, chica. Que estamos en 2021. ¿Juzgas igual a un hombre que no abandona su trabajo cuando se convierte en padre? Cada mujer decide cómo vivir su maternidad y cómo organizar su vida, y ninguna opción es más valida que otra.

9. ¿Has dicho: «Me llevo mejor con los hombres porque las mujeres son muy dramáticas»?

¡Ay, ay, ay! ¡Cuántas veces lo habremos escuchado! Y cuánto nos ha costado identificarlo como el problema que es. Resulta, querida, que no puedes aplicar una forma de ser a todo un género, es un pensamiento infundado con el que tú misma estás ridiculizando e infravalorando a todas tus compañeras. ¡Un poquito de sororidad!

Nuestra camiseta Sororidad

10. ¿Alguna vez has sentido que competías contra otra mujer?

Por una pareja sentimental (¡cuánto daño ha hecho el concepto de amor romántico!), en el colegio, en el trabajo, dentro de nuestra propia familia… Puede que este sea el problema más arraigado de todos. Esta sociedad nos ha criado para ello: para competir y seguir compitiendo siempre entre nosotras. ¡Ese es nuestro deber, llegar a ser perfectas! Y hemos decidido acabar con ese rol. No seremos perfectas, pero todas somos válidas. Y te aseguramos, animosa, que llegaremos mucho más alto si en vez de pisotearnos nos aupamos entre nosotras.

Hasta aquí nuestros ejemplos de hoy. ¿Cómo ha ido? ¿Sorprendida? ¿Eres ahora consciente de cómo de arraigada está la misoginia interiorizada en nuestro día a día? Si hemos conseguido plantar en ti la semilla de la duda te animamos a seguir investigando, porque poco a poco encontrarás infinidad de ejemplos más. ¡Mucho ánimo en tu camino y a por un futuro feminista!

Advertisements

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *