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Atención! Puede que tengas el síndrome de la cuidadora

Seguro que has oído hablar del síndrome de la impostora, pues bien existen otros síndromes que afectan también mayoritariamente a mujeres. Hoy vamos a dedicar el post a uno de ellos, el síndrome de la cuidadora. ¿Alguna vez has sentido como la preocupación por un ser querido ha afectado a tu salud? o ¿has sufrido de insomnio por eso mismo?

Si has respondido que sí a las anteriores preguntas deberías saber que existe riesgo de que sufras este síndrome. La base de todo ello es vivir dándolo todo por los demás, sin esperar nada a cambio, ¿te suena? Todas podemos vernos en la tesitura de tener familiares a nuestro cargo pero, quien nos valora, nos quiere por mucho más de por lo que podemos hacer por ellos. Ese sentimiento de satisfacción (y de control, no está de más decirlo) al cuidar de las otras personas no puede ser el objetivo de nuestra vida, ni tiene nada que ver con el empoderamiento. En la mayoría de los casos afecta a nuestra autoestima y hace que dejemos el autocuidado de lado, olvidándonos de que nosotras somos las protagonistas de nuestra historia.

¡Sé lo que estás pensando amiga! Si no cuidas a quién te rodea, te sientes mal y la culpa, una vieja conocida, entra en acción. Este sentimiento puede que te haga sentir egoísta y eso te lleve a autoexigirte más. De lo que podemos estar seguras es que este círculo vicioso acabara agotándote. La próxima vez que estés apunto de gritar eso de : ¡Quita que ya lo hago yo! Piensa si esa persona realmente te necesita o dale la oportunidad de aprenderlo.

¿Cuáles son los síntomas del síndrome de la cuidadora?

No siempre es fácil reconocer cuáles de nuestros actos son los responsables de nuestro malestar, pero podemos estar atentas a las señales que nos manda nuestro cuerpo, aunque no estemos acostumbradas a hacerle mucho caso. El primer síntoma, como ya hemos dicho al principio de este post, es el insomnio. Estás terriblemente cansada pero no consigues dormir. No descansar adecuadamente afectará a tu salud física y mental. ¿Has notado que te cuesta encontrar las palabras o recordar qué comiste ayer? Puede que tengas muchas horas de sueño acumuladas.

Otros de los síntomas del síndrome de la cuidadora son los dolores repentinos por la tensión acumulada, la tristeza o la ansiedad que se ve reflejada en la dificultad para encontrar nuevas ambiciones o hobbies. Además de la falta de apetito o un estado de irritabilidad sin causa aparente. Recuerdas eso que siempre nos repiten las azafatas de vuelo : en caso de emergencia antes de ayudar a los demás hay que ponerse la mascarilla a uno mismo, pues esto viene a ser igual. No podemos ayudar a los demás si nosotros no estamos bien.

¿Y a mí quién me cuida?

Las mujeres aprendemos desde nuestra infancia el cuidado, por eso es tan difícil abandonar este rol. Esto no tiene que ser necesariamente malo si al hacernos mayores también dejamos que nos cuiden y cuidamos de nosotras mismas. Teniendo en cuenta que cuidar de una misma también es reconocer que «no puedo con todo» y que «necesito ayuda como las demás», sabiendo que esto no me hace una mujer menos fuerte. Mientras que para aprender a dejarse cuidar necesitaremos empatía y admitir que nosotras también somos merecedoras del cariño que damos.

El síndrome de la cuidadora está estrechamente relacionado con el burn-out. Por ello y para evitar que la situación nos sobrepase debemos reservar tiempo para el autocuidado. Y tú estarás pensando, ¡tiempo es lo que no tengo! Acostumbramos a postergar todo lo que nos hace felices y es hora de romper ese patrón. Si crees que puedes estar sufriendo el síndrome de la cuidadora es necesario que incorpores a tu vida nuevas actividades que te ayuden a cultivar tu identidad propia.

Empieza por incorporar el ejercicio físico a tu vida, no hace falta que te vuelvas la reina del fitness, levántate media hora antes y date un paseo. La alimentación también juega un papel importante en nuestra salud, no la descuides por cuidar de otros aspectos. Tan importante como el ejercicio es el descanso, establece un horario para desconectar de lo que te preocupa o medita. Y si necesitas pasar tiempo a solas, también está bien, pero debes asegurarte que esta no sea tu única solución ante la fatiga.

Por último pero no menos importante: incorpora a tu vida nuevas experiencias y gente. Cuando eras pequeña se te daban bien las manualidades, ¿por qué no pruebas con la cerámica? Se ha organizado un grupo de baile en tu ciudad, no pierdes nada por intentarlo. Y tú, ¿que le recomendarías a una amiga que pudiese estar sufriendo el síndrome de la cuidadora? Te escuchamos.

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